Esperando Confirmación de Amistad
Podría decirse que con Clerks (Kevin Smith 1994) se inició lo que podríamos llamar la nueva mitología del poder nerd. Jóvenes Prodigiosos (Curtis Hanson 2000), The Big Bang Theory (Chuck Lorre 2007) o Adventureland (Greg Mottola 2009) proponen un nuevo héroe adaptado al estado de ánimo de principios del S.XXI que se caracteriza por una capacidad intelectual superior y una absoluta estupidez para manejar las emociones. El Mark Zuckerberg de Fincher se erige como nuevo paradigma de héroe nerd, el más inteligente, complejo e intenso de cuántos se han escrito. Arrogante, poderoso, infantil, débil, genio. Esta absorbente personalidad guía el film a la velocidad a la que se mueve su cerebro. Un ritmo vertiginoso en el que los diálogos más brillantes y afilados se atropellan sin descanso.
Y no hay que confundirse pensando que la historia será una película sobre el impacto de las redes sociales informatizadas, sobre las violaciones de derechos o la posesión de datos personales. Eso la habría convertido en un telefilm aburridísimo. El entramado social al que nos remite el título es mucho más amplio que el propio Facebook y por lo tanto mucho más interesante.
Vertebrada en torno a las demandas que sus competidores y su mejor amigo interpusieron contra él, la película va tejiéndose en tres tiempos jugando siempre con la lealtad, la traición y la frustración amorosa. Porque básicamente La Red Social es una película sobre la incapacidad emocional; el protagonista de Fincher (como todos, de Seven a Benjamin Button) frustrado por una primera y genialísima escena en la que su novia lo acaba tildando de gilipollas, arranca de este sentimiento la potencia necesaria que más tarde desembocará en una empresa de 14.000 millones de dólares. Esa energía que surge de lo más profundo es la que como nos recuerda el autor de Zodiac, es el motor único y final de todas nuestras decisiones.
Así Facebook funciona como la excusa perfecta para desentramar las agonías internas de su millonario creador; para manifestar la quiebra de un sistema económico, de un sistema de valores (Sean Parker dinamitando las discográficas, el propio Zuckerberg acudiendo a las reuniones en pijama y chanclas).
Y cómo revela en su escena final, descubrimos que nada queda bajo nuestro control y que todo se reduce a una espera indefinida. Por esto quizá La Red Social se convierte en la visión más certera, la que abre los ángulos más propicios para observar el estado de ánimo de una sociedad que espera sin saber cuánto ha de hacerlo, de una generación sumida en la incertidumbre.
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~ por logui en 13 octubre 2010.
Escrito en Cine, Crítica
Etiquetas: David Fincher, Facebook, Mark Zuckerberg, The Social Network

